LA GESTALT COMO FORMA DE VIDA

Vivir desde la Gestalt ayuda a ser consciente del momento presente. Cualquier situción, por estresante o dolorosa...que pueda parecer, ha de enfrentarse en el AQUÍ Y AHORA para solucionarla, cerrarla y dar paso a otra nueva experiencia. No expresarnos tal y como necesitamos hacerlo, nos vuelve vulnerables hacia el entorno y hacia nosotros mismos. Callar una palabra, guardar una emoción, esconder un sentimiento o ocultar una opinión o pensamiento...nos convierte en algo que en realidad no somos. Si no digo en "su momento" lo que pienso, opino o creo; tarde o temprano saldrá fuera de mí como un volcán en erupción, en forma de rabia, ira u odio...Cada vez que guardo una emoción dentro de mí, me estoy controlando a mí mismo/a y no me doy a conocer tal y como soy en realidad...Cada vez que escondo un sentimiento me alejo de la realidad y me engaño a mí misma/o...Lo fundamental es hacerse responsable de unos/a mismo/a: ¡ESTE/A SOY YO Y ESTA ES MI EXPERIENCIA!

domingo, 24 de enero de 2010

EL ÁRBOL

Puede transformarse en un improvisado parque de juegos... Puede estar plantado al pie de una mantaña rocasa, al lado de un cañaberal. Y es tan agradecido que hasta nos regala sus sabrosos frutos...
El viejo chopo puede decirnos muchas cosas si despertamos nuestros sentidos y estamos atentos.
Un árbol muerto también puede ser generador de vida y rodearse de ella. Las utilidades de un tronco, aún arraigado a la tierra, pueden ser infinitas. ¿Te animas a descubrilas?
Abrazar a un gran chopo, plantado a la orilla del río, me llena de energía. Siento que formo parte de un Todo y estoy en íntimo contacto con todo lo que me afrece de forma gratuíta.
EN EL BLOG DE VIAJES IMAGINARIOS PRONTO INCLUIRÉ ALGUNA VISUALIZACIÓN SOBRE EL ÁRBOL Y OTRAS PLANTAS, COMO EL ROSAL....
El árbol en un símbolo que esconde y ofrece una gran riqueza al mismo tiempo que representa un gran poder. A lo largo de mi viaje me encuentro con muchos árboles y cada uno se me muestra diferente. Me ofrece algo nuevo acerca de quien soy y me da pistas o me otorga señales para satisfacer en cada momento distintas necesidades, dependiendo de ese instante preciso y de las circunstancias. El encuentro con un árbol siempre me hincha el estómago y el pecho y no puedo ni quiero evitar respirar profundamente y llenarme, sólo con su presencia y la mirada, de su vitalidad y de su fuerza, ¡de su poder! Traigo a mi momento presente algunos de los encuentros que he tenido hasta ahora con árboles. Suelo hacerlo a menudo cuando estoy lejos de uno de ellos, pues de este modo, al traer a mi mente imágenes claras de aquéllos amigos vegetales, vuelvo a sentir lo que sentí entones y eso me hace bien, muy bien.
El árbol frutal me alimenta con sus frutos cuando tengo hambre o sed El de Navidad me alegra decorarlo de vivos colores y símbolos El Gran Drago de Canarias me emociona y me admira por su resistencia y vigor centenarios. Los boababs africanos dan al cálido paisaje un toque de frescor Los cipreses de los cementerios me transmiten paz y serenidad Dos cipreses al inicio de un camino o a las puertas de una finca me recuerdan que antaño los plantaban así para indicar a caminantes como yo que en esa casa podían aliviar su sed, hambre o cansancio. Los almendros en flor me limpian el alma y me hacen sonreír cuando los contemplo. El centenario y nutricio olivo me regala sus hojas para hacerme una tisana que bajará mi tensión arterial. Me regala su fruto más preciado para saborearlo y dis-frutarlo, para purificarme y masajearme con su aceite, para llenarme de vida. El roble es portador y dador de fuerza cuando confluyo en él en el abrazo Bajo el árbol los enamorados se prometen amor eterno y su sombra es un refugio contra el ardiente sol. El viejo árbol en medio de la plaza al que han puesto alrededor un banco me invita a sentarme y compartir experiencias con los ancianos que toman el sol aparentemente despreocupados. Las inscripciones de amor en los troncos del árbol me trasladan a la adolescencia y al enamoramiento intenso e inocente. Los bailes alrededor del árbol son una práctica que no debería caer jamás en desuso. Los ritos y las ceremonias en torno al árbol hacen que rescate de mi memoria otros tiempos en los que los aquelarres simplemente eran una celebración de la vida. El árbol del Paraíso, del bien y del mal me pone en contacto con la parte más transgresora de mí, haciéndome consciente de que me como la manzana, no porque tenga hambre sino porque me lo han prohibido. El árbol del ahorcado, un tronco seco en lo alto de una colina de Ribota, me inspira arte y me crea el deseo de hacerle una fotografía. El árbol en maceta, el bonsái, me aporta sensibilidad, delicadeza y plena consciencia del momento presente. El árbol del pan me llena de curiosidad Los eucaliptos en los bosques de Galicia me hacen respirar profundamente La varita mágica de avellano me la regaló una amiga y cuando la miro o la toco me hace creer en la esperanza. El Zodiaco Lunar Céltico me ayuda a descubrir otra cultura y aplicarla a mi proceso de crecimiento personal. El Oso y el Madroño es el símbolo de una ciudad que me abrió sus puertas sin condiciones. Las propiedades del sauce me alivian el dolor de cabeza y disminuyen mi inquietud. ……………………………………………………………………………………………………………………………………………… Ahora es el momento adecuado para crear otra lista cargada de experiencias, con otros árboles que me hagan sentir viva o con esos mismos bajo otras circunstancias. Me doy cuenta de que esos pedacitos formados por letras y frases están hechos de una parte de mí. Soy yo misma. Por eso no me olvido de decirme cuando establezco algún contacto con ellos o con sus frutos: ¡ESTA SOY Y ESTA ES MI EXPERIENCIA! No puedo dejar de pensar en la protagonista del libro, escrito por Susana Tamaro, Escucha mi voz. El texto danza en mi mente una y otra vez como van y vienen las conchas vacías arrastradas una y por las olas que rompen en la orilla. Son muchas las causas por las que los árboles enferman y más aún las que debilitan a los hombres. Cuando en un árbol la enfermedad está muy avanzada resulta difícil salvarlo, se pudren las raíces, se hincha el tronco, el proceso se interrumpe y las hojas, privadas de linfa, caen. Cuando un hombre enferma se piensa de inmediato en un virus o en una bacteria que probablemente está, pero nadie se pregunta de donde viene, por qué se ha insinuado en su interior, por qué precisamente hoy y no hace un mes, en esa persona y no en otra que quizás estaba mucho más expuesta al riesgo de contagio. ¿Por qué con el mismo tratamiento uno se cura y otro sucumbe? Basta con que un rayo roce la corteza de un roble centenario para que se desencadene la destrucción, en esa hendidura se introducen bacterias, hongos y coleópteros que en breve se propagan en detrimento de su vida. Los frutales se vuelven frágiles cuando pierden la verticalidad. Un pino puede crecer incluso si está doblado por el viento pero no un albaricoquero: es la perpendicularidad perfecta con relación al suelo lo que le permite vivir y fructificar. Para destruir a un hombre, para que enferme, ¿qué se necesita?, ¿y para curarlo? ¿Qué significado tiene una enfermedad en el curso de una vida? ¿Condena? ¿Desgracia? ¿O quizás una razón imprevista, un don valioso que nos ofrece el cielo? ¿Acaso no es en la enfermedad cuando se nos entrega una lámpara? YO SOY UN ÁRBOL Vuelvo a mi ruta, a enfrentarme con lo desconocido, con nuevos retos que harán que ponga en juego esa valentía a la que le gusta jugar al escondite. Vuelvo al camino y he sortear múltiples obstáculos imprevistos, algunos tan amargos que me abocarán a caer en las arenas movedizas de mi desesperación. Otros tan inmensos que al contemplaros se asemejarán a…………….... y me paralizarán. Otros tan…………………………………………………………………………………………………………………………………………. Entre impedimento e impedimento me encuentro con personas que me ayudan a crecer porque son nutricias y me emborracho de todo aquello que suponga un aprendizaje. Me fundo en abrazos que no tienen fin con mis seres queridos, me siento amada por mis hijos a los que amo por encima de todo, disfruto de entretenidas charlas con los miembros de mi familia o los amigos, trabajo a gusto…Y, por encima de todo; percibo y siento la vida alrededor, los pensamientos que van y vienen, dispersos unas veces y ordenados otras, las sensaciones de mi cuerpo que tan certeras son con sus mensajes… El viaje me está ayudando a darme cuenta con suma claridad de lo que me rodea y de lo que me hace sentir viva. De todo lo que he visto hasta ahora, el Árbol es sin duda un símbolo poderoso, tanto en lo negativo como en lo positivo. Veo distintos tipos de árboles. Ha llegado a mí con fuerza, como una bofetada sonora, el intenso olor de un árbol herido por un rayo. He escuchado el sonido agudo y frío de un hacha sacrificando a un árbol centenario. He volado con el retoño que el viento ha arrancado de cuajo del suelo. He sentido en mi propio cuerpo la poda indiscriminada de ramas hermosas y he sufrido los dolores en cada muñón cicatrizado... Su mera presencia me invita a acercarme a uno en particular, a tocar suavemente su corteza mientras siento la rugosidad y la aspereza entrecortada, esa que se comunica con las yemas de mis dedos. Por el día, cuando el sol brilla me gusta abrazar su tronco y coger prestada por un ratito parte de su energía renovadora. Y al final, tanto en lo oscuro como en la luz, le doy las gracias y me las doy a mí misma por haber estado un poquico conmigo y con el mundo. Puedo ir un poco más allá. Me siento integrada con la Naturaleza, sé lo que me hace sentir. ¿Quiere decirme algo más el Árbol? Sí, si yo quiero saber algo más acerca de mi funcionamiento interno, de qué pasa o cómo me siento o de qué me doy cuanta cuando interactúo con los demás…Me gusta identificarme con ellos, me encanta, literalmente, convertirme en ese árbol, sea cual sea y vivir durante un tiempo su vida, sus experiencias y las mías siendo ese árbol. Alternar con Susana Tamaro en Escucha mi voz no sólo me complace y me alienta sino que siento muy cerca su espíritu entremezclado con el mío. Sus imágenes me trasladan a momentos vividos intensamente, identificándome plenamente con esa zona tan poderosa que representa el Árbol. “¿Qué planta sería Ilaria?”, le pregunté. “Seguramente una planta lacustre”, y me siguió diciendo: “Sus raíces fluctuantes no le permitieron elevarse sobre un tallo ni vivir mucho tiempo, pero como sucede con esa especie, generó una bellísima flor”. “¿Y mi padre?” Por lo que le había contado, el tío Gionata lo comparaba a una de esas plantas que se ven rodar por el desierto, más que arbustos parecen coronas de espinas: el viento las empuja y ellas danzan en la arena encaramándose sobre las dunas, para después caer, sin detenerse nunca; sin raíces y sin la posibilidad de echarlas no pueden ni siquiera ofrecer alimento a las abejas y su destino es el de una eterna y solitaria carrera hacia la nada. En cambio yo, de niña, deseaba crecer con la fuerza estable de un roble o la fragancia de un tilo, pero más tarde cambié de opinión: me inquietaba la reclusión de los tilos en las calles y en los jardines, tanto cuanto me entristecía el destino solitario de los robles, por eso, ahora, quería ser un sauce, crecer con mi gran fronda al lado de un río, hundir mis raíces en el agua, escuchar el ruido de la corriente, ofrecerle –entre las ramas- hospitalidad al ruiseñor y al tordo de agua y contemplar el martín pescador aparecer y desaparecer entre sus olas como un pequeño arco iris. “Y tú?”, le pregunté después, “¿qué árbol te gustaría ser?”

2 comentarios:

HXMAN dijo...

YO FUÍ ROSAL MUERTO EN UN TIESTO Y VEÍA PASAR AMBULANCIAS POR LA CALLE, DESDE ARRIBA EN EL BALCÓ, NADIE ME REGABA.

María dijo...

Ese es el que fuiste, ¿cual eres ahora?...Yo fui un rosal que crecía pegado a la pared de una casa. ¡Veré cual soy ahora!